Los humanos sois los amos con esto de la pseudoconsolación:
Cuando alguien está pasando por un mal momento o tiene un problema, uno intenta consolarlo por medio de frases motivadoras y bonitas, aun sabiendo perfectamente que son mentira y que todo va a seguir igual o incluso peor.
Lo vemos a menudo en las películas, cuando alguien está al borde de la muerte (y todos sabemos perfectamente que se va a morir porque tiene un tiro en la sien y la sangre sale cual chorro de aspersor) y viene otro a darle consuelo, diciéndole cosas como "Tranquilo, todo irá bien" o "Sé fuerte, no vas a morir". Eres cruel. Juegas con los sentimientos del moribundo prometiéndole algo que no va a tener, haciéndole ilusiones para luego romperle aún más el corazón. Sería mejor que te callaras, y le dieras un último abrazo o le dijeras tus últimas palabras, en vez de intentar pintarle un mundo de rosas que tanto tú como la otra persona sabéis que es falso. Tú le estás diciendo "Todo va a salir bien", y el otro estará pensando "¿Pos no ves que no? ¿Pos no ves que estoy ya casi desangrao? Cállate y déjame que me muera ya, pijo".
Con la situación actual en España, a menudo escuchamos a otros quejarse en plan "no tengo trabajo, y no me llaman de ningún sitio" o "ahora mismo no sé qué hacer con mi vida". Y no falta el pseudoconsolador que viene a lamerte la oreja diciéndote que "todo va a ir bien", "ya verás como encuentras algo" o "tengo yo el pálpito de que pronto vas a conseguir trabajo". Como si tus pálpitos me importaran algo a mí. Como si tuvieras dotes proféticos sobre mi vida. No va a ir bien, y lo sabes. Y está bien eso de alegrar a la persona en el momento y que se anime, pero esa misma alegría y ánimo desaparecerán en cuestión de minutos al volver a la realidad y salir de la nube ilusoria que le has creado.
Si no se está seguro de si algo va a salir bien o no, es mejor no decir nada. Nuestras palabras tienen la mala costumbre de quedarse almacenadas en la mente de otras personas, y cuando no se cumplen, una alarma suena en la mente de ellos diciendo: "me mintió, no salió como él me dijo", creando un resquemor hacia quien les dijo aquello y no volviéndose a fiar de nadie. En cambio, si lo que dijo cierta persona acaba cumpliéndose, otra alarma sonará en sus mentes, pero esta vez diciendo "vaya, pues tenía razón el muchacho...", creando así una gran confianza en esa persona.
Cuando estéis mal y alguien os venga con pseudoconsolación, andaos con mil ojos y no creáis todo lo que os dicen. Mantened los pies en la tierra y no dejéis que os eleven a las nubes ilusorias, porque tarde o temprano vais a caer de ellas, y eso implica pegarse un cepazo sublime contra el suelo.
Ser optimista implica también ser realista; el optimista que no es realista es iluso y anda sobre tierra movediza. El optimista sabe que la cosa va mal, pero aun así se esfuerza por ver la parte buena de todo: quiere aprender de las pruebas, progresar con las dificultades y usar las malas experiencias para evitarlas a tiempo la próxima vez que se presenten. Tiene una BUENA ACTITUD a pesar del caos que le rodea. En cambio, el iluso crea un falso optimismo para engañarse y hacerse creer que no hay ningún problema, que todo va e irá bien: el iluso se ciega a sí mismo y presume de ser feliz y positivo, aunque tarde o temprano caerá de su nube ilusoria y se dará cuenta de la realidad. Pensar que "todo va bien" no hará que todo vaya bien.
Seamos realistas y aceptemos las cosas como son.
El mundo está mal e irá a peor.
Sobrevivir o no dependerá de nuestra actitud.
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