Hace unos años se me presentó el típico dilema del joven estudiante español: ¿Qué Bachillerato elijo: científico, humanístico o artístico?
Echando un vistazo a mi expediente, vi que mi punto fuerte eran las Artes: era creativo, dibujaba más o menos bien y el mundo audiovisual era mi pasión. Sin embargo, también despuntaba en las Humanidades, ya que controlaba bastante los idiomas, me gustaba leer e incluso estudiaba teofilosofía por cuenta propia. Pero el problema era que también me atraía el mundo de las Ciencias: me flipaban los misterios del Universo y entendía fácilmente las teorías físicas.
Sin embargo, el sistema educativo me obligaba a elegir solo una de esas disciplinas, un solo camino: no se me permitía desarrollar todas esas disciplinas conjuntamente, sino que tenía que elegir entre Artes, Humanidades o Ciencias, limitando así mi potencial y mi desarrollo.
Finalmente decidí matricularme en el Bachillerato Científico Tecnológico, aunque podría haberlo hecho perfectamente en las otras disciplinas. Las tres me gustaban y las tres se me daban medianamente bien, pero como solo podía elegir una de ellas, escogí las Ciencias. Y a partir de ese momento empecé a escuchar algo que me irritaba bastante.
Me di cuenta de que la mayoría (por no decir todos) de los estudiantes se autodenominaban "de Letras", "de Artes" o "de Ciencias" en función de cuáles eran sus puntos fuertes. Pero no solo eso, sino que también usaban esas etiquetas para justificar su falta de conocimientos en los otros ámbitos: alguien que era bueno con las Letras pero que no entendía las Matemáticas usaba la frase "es que soy de Letras" para justificar su falta de conocimientos en Matemáticas, como si diciendo eso ya quedara exento de toda culpa. Hablaban como si hubieran sido programados al nacer para entender solo y únicamente las Letras, y no pudieran obtener ningún otro conocimiento que no fuera de Letras. Entonces, cuando se les decía algo "de Ciencias" que no entendían, para no quedar en ridículo y admitir que no sabían de qué estaban hablando decían "yo es que soy de Letras" y se ahorraban admitir su falta de conocimientos. ¿Tanta vergüenza les daba reconocer que no sabían algo? ¿Tan fuerte era el orgullo que les impedía decir "No sé"?
Esta vez no era el sistema educativo quien limitaba su potencial, sino ellos mismos. Diciendo eso de "soy de Letras", lo único que hacían era autoconvencerse de que sólo los contenidos de Letras eran aptos para ellos. Y no parecían darse cuenta de que con la continua repetición de ese mantra, uno iba cerrando su campo de conocimientos cada vez más y desechando todos los conocimientos de otras disciplinas. Y mi pregunta era: ¿Por qué os limitáis de esa forma? ¿Por qué ponéis una barrera a vuestro conocimiento y decís: esto sí lo estudio y esto otro no? ¿Acaso os consideráis incapaces de aprender sobre las otras disciplinas? ...Y no solo los "de Letras" actuaban así, sino también los "de Ciencias" y los "de Artes". Todos se empeñaban en limitar sus capacidades.
Y con todo esto vino a mi mente el hombre del Renacimiento, el polímata o uomo universale: el hombre que no restringía sus conocimientos a un área concreta, sino que estaba intelectualmente preparado en todas las disciplinas y en todos los terrenos. El hombre que era consciente de sus capacidades ilimitadas de desarrollo y que luchaba por desarrollarlas al máximo. Hombres como Da Vinci, Galilei o Newton.
Antiguamente, lo que se esperaba de un caballero era que pudiera hablar varios idiomas, que tuviera nociones de música y tocara algún instrumento, que supiera escribir poesía, que conociera las leyes universales de la física y matemática... Y una vez que tenía una base extensa de conocimientos en todas esas ciencias, el hombre del Renacimiento decidía en cuál de ellas especializarse y a cuál dedicarse. En resumen, el hombre debía estar preparado para actuar en cualquier situación. Hoy en día, en cambio, lo que se espera de un "caballero" es simplemente que llegue al 5 en los exámenes para que se le considere aprobado y consiga una carrera universitaria (ni siquiera importa qué carrera es o si ha aprendido algo o no).
¿Dónde quedó aquel hombre polifacético? ¿Qué fue del ideal de caballero antiguo? ¿Acaso las capacidades del ser humano son diferentes ahora de lo que eran antiguamente? ¡NO! Si ellos pudieron, nosotros también. Es más, nosotros deberíamos imitar al hombre del Renacimiento en todos sus aspectos.
¡Arrancaos las etiquetas! ¡Dejad de encasillaros en solo una disciplina! Aquellos que profesan ser "de Letras" o "de Ciencias", ¿acaso no podrían aprender también sobre las otras disciplinas si pusieran de su parte? Está claro que a unas personas se les dan mejor unas cosas y a otros peor, pero todos tenemos la capacidad de aprender; a un ritmo más rápido o más lento, pero todos podemos aprender. Y no solo eso, sino que todos debemos aprender.
Así pues, que nadie diga "yo soy de Letras y no valgo para las Ciencias", porque estaría poniendo barreras a su conocimiento y desperdiciando el infinito potencial que tiene. Lo que esas personas deberían decir es algo así: "yo soy de Letras y no es que no valga para las Ciencias, sino que simplemente me cuesta trabajo entenderlas, y como me cuesta trabajo prefiero dejarlas de lado y quedarme en la zona de confort con las cosas que sí entiendo fácilmente."
Sed hombres y mujeres que merezcan la pena, hombres y mujeres de provecho que puedan moverse y defenderse en cualquier situación, estudiando todo lo que caiga en vuestras manos. Es nuestro deber como humanos aprender todo lo que nos sea posible durante este periodo mortal, nos sea más fácil o más difícil, se nos dé mejor o peor.
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